Taxidriver: Ese confesionario sobre ruedas llamado Taxi

Teóricamente ser taxista implica ofrecer un servicio de transporte publico-privado, o sea, llevar al usuario del punto A al punto B, pero en el ejercicio de esa tarea en muchísimas ocasiones el usuario, el taxista o ambos inician una conversación que a menudo deriba en una auténtica y profunda charla. El reducido espacio, la duración del trayecto y un cierto anonimato (al no conocerse y posiblemente no volver a coincidir en un futuro) dan pie a confesiones de todo tipo.

El taxi a menudo se convierte en un confesionario y los taxistas en confesores-psicologos improvisados, siendo esta circunstancia para mi uno de los puntos mas interesantes del trabajo de un taxista.

Curiosa profesión esta, en que a parte de realizar un servicio de transporte, muchas veces acabas ofreciendo “un plus” como confesor-psicologo.

Siempre emociona que tras un trayecto, el usuario agradecido, te diga que ha sido un placer conocerte o que la conversación que hemos mantenido ha sido muy interesante, o que la charla que hemos entablado le ha sido de gran ayuda o que al despedirte te pregunte si puede abrazarte o darte un par de besos, para asi mostrar su agradecimiento y cariño.

En esos momentos uno se siente orgulloso de su profesión.