¿Por qué dejamos de dibujar?

A todos de niños les gusta dibujar y si hay algún niño al que no le guste es muy probable que tenga alguna clase de trastorno psicológico. Cuando somos muy pequeños (y tenemos aún dificultades para expresarnos oralmente) una de las mejores formas de comunicación no verbal de las que disponemos es el dibujo. Cuando un niño ha vivido unas circunstancias traumáticas (ha presenciado un accidente, un asesinato, una guerra, un desastre natural o cualquier otra situación traumática) los psicólogos le acostumbran a dar un lápiz y un papel para que pueda expresar sus sentimientos. Esta realidad expresiva que todos utilizamos de pequeños de forma natural, se trunca curiosamente en la mayoría de los casos cuando empezamos a “controlar” el lenguaje oral. Muchas personas en el momento en que se ven capaces de expresar sus sentimientos con palabras, dejan de utilizar el dibujo como “vía expresiva” y se centran más en el lenguaje verbal. Lo realmente curioso es que “algunos” no abandonamos nunca este canal expresivo y durante TODA LA VIDA seguimos utilizándolo y perfeccionándolo. Realmente todos disponemos de la necesidad y la capacidad de dibujar pero solo aquellos que mantenemos esa forma de expresión, como una necesidad vital acabamos mejorando nuestras capacidades en ese sentido. Normalmente la gente deja de dibujar sobre los 6, 7 años (que curiosamente es cuando empieza a controlar el lenguaje oral) y se quedan con el “nivel de dibujo” que a esa edad alcanzaron, la típica casita, el sol y la nube. Solo aquellos que mantenemos la necesidad de dibujar evolucionamos, de igual manera que se evoluciona en otros ámbitos, como el de la escritura, las matemáticas, etc… Si dejas de escribir siendo muy niño, serás un adulto con una letra infantil. Solo si le dedicas “muchas horas de vuelo” a una actividad, invariablemente mejoraras.